Conocido como “El pintor de los aborígenes”, Paredes nació en Tulcán en el año 1910. Entendía el arte como una expresión de las masas y luchó para que esto fuera realidad.

Diógenes Paredes Nació el 5 de mayo de 1910 en Tulcán, al norte del Ecuador. A los 5 años su madre muere víctima de la tifoidea, Diógenes Paredes se traslada a vivir con su padre en Quito. Al llegar a la juventud estudió en la Escuela de Bellas Artes, en este período tomó contacto con los círculos de izquierda ingresando en las filas del Partido Comunista del Ecuador. Al terminar los estudios regresa a su ciudad natal para dedicarse a la docencia, como profesor de dibujo, en el Colegio “Simón Bolívar”.  Murió el 29 de septiembre de 1968, tras sufrir una caída al salir de una reunión social.

Perteneció a esa generación innovadora de artistas ecuatorianos que inició su obra bajo el signo del “Realismo Social”, y a la que pertenecieron Eduardo Kingman Riofrío, Bolívar Mena Franco, César Andrade Faini y Alba Calderón de Gil, entre otros. A comienzos de la década de los cuarenta, en plena retórica expresionista ya, logra cuadros de tenso dramatismo en la captación del gesto humano y el clima, y de sombrío color. En 1938 intervino en la fundación del Sindicato de Escritores y Artistas (SEA) de Ecuador, estructura organizada desde el PCE y por la que se generó un frente político por parte de aquellos artistas que como él se identificaban con el sector obrero, ya que se consideraban a sí mismos como trabajadores situados en el campo de la cultura. Junto con Paredes participaron de esta iniciativa otros artistas e intelectuales, de un peso político y referencial creciente en la sociedad ecuatoriana, como Jorge Icaza Coronel, Benjamín Carrión, Demetrio Aguilera Malta, entre otros. En 1940 regresa a Quito empezando su labor de enseñanza en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Central. En 1946 obtuvo una beca para estudiar en París, en un periplo que duraría dos años. Llegó a ser director de la Escuela de Bellas Artes, cargo al que renunció en 1963 cuando se negó a abdicar de su ideología comunista como lo exigía la dictadura militar. 

En 1946 se convertiría en el año de la internacionalización de la producción artística de Paredes gracias a un viaje a Francia financiado por el gobierno de ese país para perfeccionarse en la Escuela de Bellas Artes de París. Asimismo, por estos años obtendría otros dos premios: el Primer Premio de Pintura del Salón Mariano Aguilera en 1947, y el Primer Premio en el Cuarto Salón de Mayo, en 1948. El creciente reconocimiento a su trabajo por medio de estos premios fue el principal factor para que pudiera realizar su primera exposición individual, en 1949, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito, experiencia que seis años más tarde repetiría en la ciudad de Cuenca. Asimismo, en esta misma época comenzaría a participar en muestras colectivas desarrolladas en distintas ciudades latinoamericanas y europeas.

En 1960, y en reconocimiento a su prolongada militancia en el Partido Comunista, Paredes fue invitado por los gobiernos de la Unión Soviética, los países de Europa Oriental y China y pasó largo tiempo recorriendo cada una de estas naciones, y aprendiendo nuevas y distintas técnicas para el mejoramiento de su producción artística. Junto a él viajaron también otros reconocidos activistas de la izquierda, como Oswaldo Guayasamín, Jorge Icaza, Pedro Jorge Vera y Nelson Estupiñán. A esta época pertenecen “Helada”, “La Mala Noticia”, y “Tormenta”, que triunfó en el I Salón de la Casa de la Cultura, en 1945. Posteriormente y aunque continuó presentando trabajos de gran fuerza como “Inundación”, su obra derivó hacia lo anecdótico y decorativo con óleos como “Cirios” (1954) y “Caserío” (1956); y más tarde pasó a una composición casi geometrizante que caracterizó obras como “Curiquingue” y “Danzantes” (1963).

Diógenes Paredes fue un pintor vigoroso, de trazo sensible y lleno de dramatismo. Todas sus pinturas fueron de un descarnado realismo constituido en base a distorsiones violentas: en tanto que el paisaje resultaba despojado de la naturaleza de su ser físico, cada personaje era a su vez convertido en un extraño arquetipo, con una marcada identidad más allá de su despersonalización. Aunque no pertenecía a él, retrató al pueblo indígena, observándolo y sintiéndolo en sus más recónditos aspectos. El fundamento de su trabajo, con todo, no era ni pesimista ni desencantado, ya que el lamento y la tristeza del indio escondían en su propio reverso un mensaje revolucionario y emancipador: de ahí que cada obra de Paredes pudiera ser vista como un desafío al mismo tiempo que como un manifiesto.

Exposiciones de Diógenes Paredes

Exposiciones individuales

1949 Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador

1955 Exposición individual en Cuenca-Ecuador

Exposiciones Colectivas

1946 Colectiva sobre Arte Ecuatoriano, en los Salones de la UNESCO, París.

1953 Salón Nacional de Artes Plásticas en Quito.

1954 Colectiva “Arte Colonial y Moderno” enviada por la Casa de la Cultura. Ecuatoriana, Buenos Aires.

1958 Exposición de Arte Ecuatoriano en los Salones del Museo de Arte Lima,

1967 Colectiva, “Testimonio Plástico del Ecuador” Quito-Ecuador.

Obras de Diógenes Paredes

 

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