El Guernika de Pablo Picasso. Exposición Picasso. El viaje del Guernica. Donostia / San Sebastián
Guernica de Pablo Picasso en el Moderna Museet de Estocolmo, 1956 . Foto: Kary Lasch. The Cordon Press © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2017

Picasso. El viaje del Guernica propone un recorrido histórico de la obra de Picasso desde su creación en París en 1937 hasta su emplazamiento permanente en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 1992. Los visitantes podrán descubrir el proceso creativo que llevó a cabo el célebre artista español para realizar su obra, así como su significado de denuncia antibélica y los motivos por los que la obra viajó por todo el mundo durante más de cuarenta años.

Los distintos espacios y recursos expositivos de la muestra descubren el contexto histórico de la época, así como las claves para entender la importancia y el significado del Guernica. La exposición incluye audiovisuales, reproducciones fotográficas y de carteles de la época, y facsímiles de documentos y dibujos que pretenden explicar la historia de la creación y los
viajes de una de las obras más representativas del artista más importante del siglo XX.

Picasso. El viaje del Guernica se divide en cinco ámbitos que repasan el recorrido de la obra en sus distintas fases, así como momentos importantes en la vida de Picasso que fueron determinantes en la creación del cuadro. ”la Caixa” ha producido varias piezas audiovisuales que ayudan a entender la historia del Gernica y su influencia. Destacan la
obra audiovisual del artista Rogelio Lopez Cuenca y otros dos audiovisuales de nueva producción, acerca del contexto histórico del Guernica, las características técnicas de la obra y los daños que han causado los desplazamientos del cuadro y sus restauraciones.
En enero de 1937, el Gobierno de la Segunda República española encargó a
Pablo Picasso pintar un cuadro para el Pabellón de España en la Exposición
Internacional de París de ese mismo año. Pese a su inicial reticencia, Picasso
aceptó el encargo, pero no empezó a pintar inmediatamente. El 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil española, las fuerzas aéreas alemanas e italianas bombardearon la población de Gernika-Lumo, a favor del bando sublevado.

Picasso tuvo noticia de este bombardeo a través de la prensa gráfica, en
concreto los periódicos L’Humanité y Ce Soir. Las imágenes y el relato del
episodio bélico actuaron como un reactivo para que el artista emprendiera de
forma definitiva la obra que el Gobierno de la Segunda República le había
encargado. La creación del Guernica duró apenas cinco semanas, y su proceso
de creación puede verse documentado en la exposición a través de las
fotografías de Dora Maar, con quien mantenía una relación sentimental en
aquella época.

El Guernica fue la respuesta de Picasso al encargo del Gobierno de la Segunda República española, en plena Guerra Civil y con claras denuncias antibélicas. Las circunstancias políticas impidieron que el cuadro llegara a España hasta 1981. A lo largo de cuarenta y cuatro años, la obra se presentó en distintas ciudades de Europa y América: primero, como un elemento de propaganda a favor de la República y de ayuda a los refugiados durante la
Guerra Civil, y, más tarde, como pieza fundamental en la construcción del
relato del arte moderno y de la reconstrucción de un nuevo orden geopolítico
tras la Segunda Guerra Mundial.

Obras de Pablo Picasso

 

 El terror y el dolor, reactivos para Pablo Picasso

El 18 de julio de 1936 estalló la Guerra Civil española. El bombardeo del 26 de abril de 1937 sobre la población vasca de Gernika-Lumo por parte de la Legión Cóndor alemana fue uno de sus acontecimientos más dramáticos: una operación de bombardeo sistemático, planteada de forma experimental, que provocó más de un centenar de víctimas. La repercusión en la prensa republicana e internacional fue inmediata. Los periódicos se llenaron de imágenes espectrales de la ciudad en ruinas, de mujeres y niños, de titulares con gritos de socorro y referencias al drama de los refugiados. Picasso tuvo noticia del bombardeo de Gernika-Lumo a través de la prensa gráfica, en concreto los periódicos L’Humanité y Ce Soir. Las imágenes y el relato del episodio bélico actuaron como un reactivo para que el artista emprendiera de forma definitiva la obra que el Gobierno de la Segunda República le había encargado. Los temas que desde hacía tiempo le perseguían —el pintor y la modelo— se articularon en torno a una idea central: el terror y el dolor frente a una demostración de máxima violencia.

El artista, el taller, el encargo

Picasso alquiló un estudio en la calle Grands-Augustins de París para poder contar con un espacio de trabajo mayor y realizar el encargo. Tras el bombardeo de GernikaLumo, inició un proceso en el que abordó simultáneamente los motivos de su obra tanto en dibujos y composiciones en papel como en el gran lienzo. Elaboró 45 bocetos preparatorios con los temas, las figuras (el toro, el caballo, la madre con el niño muerto, la cabeza de mujer llorando, la mano con la espada rota) y la definición espacial. Para ello, empleó distintas técnicas (lápiz, carboncillo, gouache, óleo). A partir de elementos de su mitología personal (el autorretrato como minotauro, los caballos sacrificados de las corridas de toros), Picasso viró hacia aspectos propios de la tragedia, acudiendo a la alegoría: valores universales y fuera del tiempo histórico.

El testimonio de Dora Maar

Picasso tardó apenas cinco semanas en pintar el Guernica. Dora Maar (1907-1997), artista con la que en aquella época mantenía una relación sentimental, fotografió los distintos estados que se fueron sucediendo durante su realización, tanto en los dibujos como en el lienzo. El estudio de la calle Grands-Augustins era un espacio reducido, con grandes ventanales: la tela encajaba entre el suelo y las vigas del techo. Las fotografías de Dora Maar son también el testimonio de la visita de algunos amigos, como el escritor André Breton y la pintora Jacqueline Lamba. La composición del cuadro sigue un esquema piramidal y equilibrado; las figuras están reunidas en primer término, donde todo acontece. La imagen estática, con un dominio magistral de los fectos teatrales, subraya el alcance intemporal de la obra.

La República española en la Exposición Internacional de París

La Exposition Internationale des Arts et Techniques dans la Vie Moderne de París abrió sus puertas el 25 de mayo de 1937. En un momento de máxima tensión prebélica, uno de los lemas de la exposición fue el trabajo por la paz y el entendimiento entre los pueblos. Separados por pocos metros, los pabellones de la Unión Soviética y de Alemania contradecían ese discurso pacifista: los dos grandilocuentes pabellones se imponían metafóricamente sobre el mapa del mundo. Los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa, fieles a los principios del movimiento arquitectónico moderno, idearon un pabellón modesto en materiales y en escala de tres plantas: un edificio antimonumental. Josep Renau, director general de Bellas Artes, ideó todo el programa, confiriendo gran protagonismo a los fotomontajes y convirtiéndolo en una eficaz máquina de propaganda. El interior se organizó sobre tres ejes, que fueron las artes plásticas, el folclore y las artes populares, y el programa de gobierno y los logros de la República. La guerra fue el tema dominante de las obras, realizadas especialmente para la ocasión por una serie de artistas invitados, como Pablo Picasso, Julio González y Joan Miró, reconocidos a nivel internacional. El Guernica quedó instalado en la planta baja, frente a Fuente de mercurio del americano Alexander Calder. El patio funcionó como ágora, donde se celebraron conferencias, proyecciones de cine, representaciones y conciertos.

Reclamo propagandístico internacional

Tras la clausura de la exposición de París, el 25 de noviembre de 1937, el Guernica inició un periplo de alcance mundial como obra de arte y como reclamo de propaganda política.

Su primer viaje, en la primavera de 1938, fue a Escandinavia. Se trataba de una exposición itinerante de obras de Picasso, Matisse, Braque y Laurens, organizada por el artista noruego Walter Halvorsen, con la colaboración del galerista Paul Rosenberg. De regreso, el cuadro le fue entregado a Picasso, quien aceptó darle el mayor uso artístico y político. En septiembre de 1938, en el marco de las actividades del Comité Nacional de Ayuda al Pueblo Español (National Joint Committee for Spanish Relief), el Guernica y sus dibujos viajaron a Inglaterra. Picasso se implicó personalmente en la campaña, y el cuadro se expuso en varias ciudades. El líder del partido laborista, Clement Attlee, presentó la exposición Guernica. Pictures by Picasso en la Whitechapel de Londres (enero de 1939), como clara manifestación de lucha antifascista.

Para la tercera gira, el cuadro cruzó el Atlántico. Promovida por la Campaña de Ayuda los Refugiados Españoles (Spanish Refugee Relief Campaign), en mayo de 1939 se inauguró una muestra en una galería de Nueva York, y de allí viajó a Los Ángeles, San Francisco y Chicago. Para entonces, la Guerra Civil había finalizado con la victoria de Franco, por lo que no se daban las circunstancias para poder devolver el cuadro al pueblo español.

Más de cuarenta años en el MoMa (1939-1981)

La gira del Guernica y sus dibujos por Estados Unidos, organizada por la Campaña de Ayuda a los Refugiados Españoles, apelaba a las relaciones entre arte y política y a la toma de posición de los artistas. Ello no fue obstáculo para que Alfred H. Barr, director del Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA), presentara una gran exposición retrospectiva: Picasso: Forty Years of His Art, un ejercicio de estudio y sistematización que marcó el arte, la crítica y la historiografía picassiana en los años posteriores. El Guernica se presentaba como el punto culminante de una carrera iniciada cuarenta años atrás. La exposición fue un éxito, con más de 60.000 visitantes y una gran repercusión en los medios de comunicación. Aprovechando el contexto de guerra en Europa, Barr, que pretendía convertir el MoMA en una referencia mundial del arte con la mayor colección de Picasso del mundo, instó al artista a depositar el Guernica en el museo para que, de este modo, permaneciera en Nueva York. Pasados unos años, mientras en España se vivía la represión del franquismo, Picasso declaró que el cuadro continuaría en el MoMA hasta que el pueblo español recuperara las libertades arrebatadas.

Giras en Estados Unidos de América

A partir de 1940, el Guernica viajó desde el MoMA a distintas ciudades de Estados Unidos. De este modo, Barr consolidaba el papel de autoridad pedagógica del museo y convertía el cuadro en imagen y tema para los medios de comunicación y de consumo. La instalación del Guernica en el Fogg Museum de la Universidad de Harvard, en otoño de 1941, pone de relieve el proceso de sacralización y resignificación al que fue sometido. El Guernica se presentaba como imagen de un altar moderno desacralizado. En plena Segunda Guerra Mundial, la obra de Picasso se erigía en imagen de paz. Casi treinta años después, en enero de 1970, un grupo de activistas en contra de la guerra de Vietnam realizó una acción de protesta frente al Guernica. En el mismo contexto bélico, el 28 de febrero de 1974, el artista e integrante del grupo Art Workers’ Coalition, Tony Shafrazi, atentó contra el cuadro escribiendo en su superficie «Kill Lies All» («Muerte a todas las mentiras») . En los años posteriores, el MoMA organizó numerosas exposiciones dedicadas a Picasso que contaron siempre con la presencia del Guernica. Cabe destacar la celebrada en verano de 1980, una gran retrospectiva que sirvió de despedida del cuadro, cuyo éxito y expectación fueron mayores que nunca.

Interpretaciones del Cuadro

La filiación de Picasso al Partido Comunista Francés, a principios de octubre de 1944 —dos meses después de la liberación de París—, la proximidad de la celebración del décimo aniversario del Guernica, así como la publicación de la monografía que le dedicó Juan Larrea, desataron un gran interés por la obra y, en particular, por las explicaciones del propio Picasso acerca de su simbolismo. Desde el MoMA, Alfred H. Barr se propuso mediar en la aclaración del significado del cuadro, y para ello organizó un simposio el 25 de noviembre de 1947, en el que reunió a voces expertas y testigos de la creación del cuadro, como Juan Larrea, Josep Lluís Sert y el escultor Jacques Lipchitz. Además de Larrea, varios autores señalaron influencias del arte del pasado reconocibles en el Guernica —desde las pinturas rupestres, los beatos y las pinturas románicas hasta Goya y Manet—, creando una genealogía de formas e iconografías desde la historia del arte. En enero de 1947 se publicó la viñeta gráfica de Ad Reinhardt How to Look at a Mural: Guernica, una guía del cuadro desde la sátira gráfica que señalaba el contexto histórico, el valor de los símbolos y el significado de cada uno de ellos: el uso del blanco y negro, la tensión entre el caballo y el toro, o la fuerza expresiva de la mano, la cabeza y el brazo mutilados. En definitiva, más que un cartel o una viñeta, el Guernica sintetizaba toda una época de rupturas y reordenación de equilibrios, tanto artísticos como políticos.

El Guernica vuelve a Europa y viaja a Sâo Paulo

En la posguerra, el mundo se dividió en dos grandes bloques. Fue un enfrentamiento no declarado, basado en múltiples amenazas y movimientos tácticos para expandir las respectivas áreas de influencia. En ambos bloques, y a nivel mundial, subyacía el miedo a una guerra nuclear de consecuencias inimaginables. La paloma dibujada por Picasso en 1949 fue el símbolo del Congreso Mundial de los Partidarios de la Paz, celebrado en París ese mismo año, que tuvo una difusión internacional no exenta de críticas. El movimiento anticomunista francés Paz y Libertad editó un cartel en el que Yósif Stalin aparecía llevando atada la paloma de Picasso como si fuera una mascota. La obra y la figura de Picasso ocuparon el centro de la controversia. Tras la presencia del Guernica en Milán en 1953 y su participación en la II Bienal de São Paulo (1953- 1954), el cuadro regresó a Europa en 1955, con motivo de la exposición antológica  ue se le dedicó en el Musée des Arts Décoratifs de París. Esta exposición viajó posteriormente a Múnich, Colonia y Hamburgo. La presencia del Guernica en estas ciudades tenía un doble propósito: difundir la obra y la figura de Picasso como artista comprometido, y apelar a los esfuerzos por la reconstrucción y superación del recuerdo de la guerra y los bombardeos. Más adelante, el Guernica y sus dibujos fueron expuestos en Bruselas,  Amsterdam y Estocolmo. De esta forma se cerró una dilatada gira, reflejo de una nueva idea de Europa.

Negociaciones para el retorno del «Último exiliado»

En España, el Guernica constituía el símbolo de las libertades perdidas. En la década de 1960 se realizó una tímida campaña, desde la universidad y desde el Gobierno, que solicitaba la entrega del cuadro, lo cual resultaba incoherente con la realidad de la dictadura. No fue hasta después de la muerte de Franco cuando se iniciaron oficialmente las gestiones al respecto. El Gobierno de Adolfo Suárez lo convirtió en una cuestión prioritaria, y contó con el apoyo de la oposición. Para ello, era necesario trabajar en dos líneas: ofrecer pruebas del grado de libertad y democracia que existía en España, y aclarar la cuestión de la propiedad del cuadro y la entrega del mismo por parte de Picasso al pueblo español. La carta de Max Aub a Luis Araquistáin del 28 de mayo de 1937, en la que se constataba la cantidad pagada a Picasso y que podría constituir una prueba de la adquisición de la obra por parte del Gobierno, fue uno de los documentos decisivos para que el MoMA aceptara su traslado. El Guernica llegó a España el 10 de septiembre de 1981, rodeado de una enorme expectación. Desde el Gobierno, la llegada del Guernica a Madrid se presentó como un signo de reconciliación entre los dos bandos de la Guerra Civil y el final de la transición. Como señaló la prensa, regresaba «el último exiliado».

El Guernica en el Casón del Buen Retiro (1981-1992)

El primer emplazamiento del Guernica que el Casón, antiguo salón de baile del Palacio del Buen Retiro, declarado en ruinas en 1814 tras la invasión francesa. Una vez realizadas las obras de rehabilitación, se convirtió en una sede museística adscrita al Museo Nacional del Prado. El cuadro había viajado en avión, enrollado y rodeado de excepcionales medidas de seguridad que se mantuvieron también en su nueva ubicación. Se instaló en una gran  urna de cristal blindado, en una sala vigilada de forma permanente por agentes de la Guardia Civil. Era un entorno muy poco habitual para una obra de arte, y los fotógrafos se complacían en mostrarla en imágenes que, pasados los años, dan cuenta de la fragilidad de la transición y de la extraordinaria cautela con la que se organizó la presentación al público de la obra de Picasso. La exposición Guernica. Legado Picasso, que, además del cuadro, presentaba las 45 obras asociadas al mismo (entendidas como un conjunto inseparable), cosechó un gran éxito, con miles de visitantes.

Museo Reina Sofía: El Guernica «Re-historizado»

El traslado del Guernica y sus obras asociadas desde el Casón del Buen Retiro hasta el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía entró en la agenda política nacional en 1986, a raíz de la creación del nuevo centro de arte, del completo acondicionamiento del edificio y de la planificación de su colección a finales de 1988. El movimiento de las obras de Picasso se llevó a cabo el domingo 26 de julio de 1992. En esa ocasión, por cuestiones de conservación, el cuadro no volvió a ser enrollado. El Guernica quedó instalado en la segunda planta del museo, en un espacio singular, y en las salas contiguas se dispusieron los dibujos y lienzos preparatorios, así como los postscripts. En noviembre de 1996, el cuadro cambió de ubicación, siempre en la segunda planta.   En los últimos años, las distintas instalaciones de las salas que orbitan en torno al Guernica, así como las exposiciones temporales ideadas en ese marco, han ofrecido la pluralidad, las fricciones y los puntos comunes de unas prácticas artísticas que, atravesadas por la guerra, la crisis en el arte y la política de los años treinta, contribuyeron a la generación de nuevos debates disciplinarios nacionales e internacionales.

Icono de protesta universal

El Guernica es un símbolo universal de libertad que ha pasado del museo a la calle.Aparece allí donde se produce un episodio de violencia contra la población civil. Progresivamente, el cuadro se ha convertido en un icono por la paz usado de forma recurrente en ámbitos no institucionales ni exclusivamente artísticos, como por ejemplo espacios de protesta y movilizaciones colectivas, en ocasiones espontáneas y a través de geografías dispersas (desde las protestas contra la guerra de Vietnam en los años sesenta, hasta las movilizaciones contra la guerra de Irak y, hoy en día, de Siria). El cuadro interpela a colectivos muy variados: es la obra más reproducida en las cárceles españolas, donde evoca la libertad perdida; también advierte del horror de la guerra en la propaganda antimilitarista, y llama a la solidaridad en la publicidad de los grupos de izquierda. Los artistas lo han interpretado desde todos los puntos de vista: como icono visual, elemento de propaganda política y tótem artístico. Este apartado conecta distintos escenarios en los que la imagen del Guernica ha sido recuperada como protesta contra la injusticia y a favor de la paz. En la medida en que su condición de cuadro de historia lo ha convertido en alegoría universal, el Guernica es capaz de actualizarse constantemente y aumentar su fuerza crítica.

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