Frente al castigo de Sísifo, condenado a repetir una acción penosa una y otra vez, Juan Suárez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1946) entiende la repetición como un proceso que facilita la variación y que produce, por tanto, el conocimiento y la creación. La insistencia en determinados ejes y formas que ha mantenido a lo largo de su dilatada trayectoria queda patente en el título de la muestra, inspirado en una conocida versión instrumental de Time After Time realizada por Miles Davis.

Exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Frente al castigo de Sísifo, condenado a repetir una acción penosa una y otra vez, Juan Suárez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1946, España) entiende la repetición como un proceso que facilita la variación y que produce, por tanto, el conocimiento y la creación. La insistencia en determinados ejes y formas que ha mantenido a lo largo de su dilatada trayectoria queda patente en el título de la muestra, inspirado en una conocida versión instrumental de Time After Time realizada por Miles Davis.

Suárez ha intentado una y otra vez volver sobre sus pasos y reiniciar el camino para volver a andarlo, siguiendo, también, lo que en su momento escribió Samuel Beckett: “Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”. Hay, por tanto, un nexo entre Beckett y Davis que Suárez también transita, o por decirlo de otra manera, una corriente que va de la escritura al jazz y a la pintura, basada en las estructuras repetitivas que producen geometrías variables.

Arquitecto de formación, como buena parte de la generación de pintores de la abstracción sevillana de los años 70 del pasado siglo, Juan Suárez fue uno de los pintores que inició su andadura en la galería La Pasarela, en la que expusieron buena parte de los artistas de la galería madrileña Juana Mordó, entre los que destacaban los informalistas y, también, el Grupo de Cuenca. Suárez, junto a José Ramón Sierra y Gerardo Delgado, estaba entre esos jóvenes con ganas de renovación y no contaminados por la enseñanza artística oficial, al provenir de la Escuela de Arquitectura, más propicia al conocimiento de las tendencias internacionales.

La pintura y la geometría han sido una constante en toda su vida y así lo es también en esta exposición que intenta ser una especie de retrospectiva, puesto que abarca toda su trayectoria siguiendo un desarrollo cronológico que continuamente es interrumpido. Las lecturas entrecruzadas, junto a las idas y venidas, establecen un relato en el que la repetición y la geometría variable conviven con el uso de materiales y colores poco habituales en su momento, trascendiendo así los años y las décadas.

De esta manera, se han establecido cinco puntos en el recorrido donde supuran estos cruces de sincronía también variable, puesto que es ahí donde se hace más fuerte la obra de Súarez. Para ello se han buscado, junto a algunos de sus grandes hitos, como por ejemplo la serie que parte de El tránsito de la Virgen de Mantegna, mostrar otros conjuntos menos conocidos y poco o nunca expuestos, sin obviar, aunque relativizando, determinadas etapas.

La última sala donde se presenta una nueva producción que, como en otras ocasiones, parte de trabajos anteriores, ejemplifica, quizás como ninguna, lo que hemos intentado hacer con la complicidad del autor: un relato inestable y descentrado, pero también sólido y nuevo.

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